martes, 20 de noviembre de 2012

CARBOHIDRATOS II PARTE

CARBOHIDRATOS II PARTE: CARBOHIDRATOS Y GLUCOPATÍAS
Nos estamos enfrentando al gran desafío de mejorar la salud y la calidad de vida Triste e irónicamente, a pesar de que contamos con conocimientos para evitarlo, demasiada gente sufre de malestares y enfermedades que podrían prevenirse y controlarse con la dieta y el estilo de vida. Muchos malestares y enfermedades degenerativas como obesidad, hipoglucemia, diabetes, cardiopatías, cáncer y artritis y otras muchas otras enfermedades degenerativas y de origen infeccioso podrían evitarse comiendo de manera saludable, manteniendo un peso normal y haciendo ejercicio durante toda la vida. (Asamblea Mundial de la Salud; OMS; OPS; FAO; UNICEF.)

Para citar este articulo: 
Autor Miguel Leopoldo Alvarado Saldaña
Last edited: 01-Enero-2014

EFECTO TÓXICO DE LOS CARBOHIDRATOS Y ALIMENTOS REFINADOS
Por: Miguel Leopoldo Alvarado Saldaña
Doctor en Naturopatía, Diplomado en Nutrición por la Universidad Iberoamericana 

COMENTARIO PRELIMINAR
De acuerdo a lo expuesto en el artículo precedente, existen suficientes evidencias científicas que han permitido establecer el volumen ideal de azúcar en la sangre para lograr un desempeño metabólico óptimo. La certeza científica actual indica que el volumen ideal y óptimo de glucosa sanguínea  para la mayoría de las personas, ronda en alrededor de los 90 miligramos por decilitro de sangre, con ligeras variaciones dentro de un rango muy estrecho cercano a esa cifra. Siendo este el volumen necesario para lograr una máxima eficiencia metabólica.  

La máxima eficiencia metabólica obtenida al lograr ese volumen ideal de 90 miligramos de glucosa por decilitro de sangre, es una condición indispensable para alcanzar un máximo rendimiento físico y psíquico, acompañado por un inmejorable estado de salud, calidad de vida y desarrollo humano. Estado óptimo de salud que haría irradiar a cualquiera una vibrante y bella personalidad, vitalidad, alegría y amabilidad, manifestaciones que se acompañarían por una óptima capacidad de atención, concentración mental y para solución de problemas tanto de la vida cotidiana, como de trabajo y estudio.   

Así mismo, el lograr mantener en rangos ideales el volumen de glucosa en la sangre, además de los beneficios mencionados anteriormente, eleva al máximo, la capacidad del sistema inmune para combatir microorganismos y neutralizar las sustancias extrañas que habitualmente invaden al cuerpo, lo cual permite disminuir a su mínima expresión la propensión a todo tipo de enfermedades. Eso permite que el organismo humano se mantenga en perfectas condiciones para afrontar cualquier eventualidad y carga de estrés físico y mental.  

Es muy importante aclarar, que un estado ideal de salud, vitalidad y belleza física y mental, solo puede conseguirse, como manifestación de un estado de máxima eficiencia metabólica, que a su vez sería el resultado de una alimentación saludable y una nutrición óptima. La máxima eficiencia metabólica solo puede obtenerse por medio de procedimientos dietéticos y nutricionales, ya que se trata de un estado bioquímico y hormonal, consecuencia de una nutrición correcta, que ningún otro método sea médico, estético o cosmético, pueden igualar. Ningún medicamento, droga, cosmético, aparato o algún otro procedimiento quirúrgico, plástico, terapéutico físico o psíquico, puede igualar el resultado de una nutrición  óptima.  

En consecuencia, resulta indispensable e insustituible en todas las ramas de le medicina general, antienvejecimiento, estética y para toda la industria de la belleza, la salud y el bienestar, velar porque los pacientes o clientes practiquen un régimen alimentario racional, óptimo y saludable que les permita alcanzar ese anhelado estado de máxima eficiencia metabólica. Estado identificado y descrito por diversos expertos entre quienes cabe destacar a Adelle Davis quien acuñó el nombre y el concepto de máxima eficiencia metabólica y a Barry Sears quien lo describió como “estar en la Zona”, refiriéndose al mismo estado de máxima eficiencia bioquímica mencionado por Adelle Davis.  
Ahora bien, hasta ahora hemos acumulado una enorme cantidad de conocimientos sobre la nutrición humana, conocimientos que de aplicarse correcta y rutinariamente, permitirían a una mayoría de personas lograr esa máxima eficiencia metabólica necesaria para alcanzar un estado óptimo y pleno, de vigor, salud, bienestar, calidad de vida y desarrollo humano. Entonces ¿Por qué paradójicamente, la mayoría de personas se encuentran bastante lejos de ese estado ideal y viven crónicamente cansadas, desvitalizadas y deprimidas, y afectadas por una plaga de malestares y enfermedades crónicas físicas y mentales?   

¿Por qué desde que son niños, una porción cada vez mayor de seres humanos que se han salvado de nacer con alguno de los trastornos congénitos físicos o mentales característicos de nuestra época sufren sin embargo un sinnúmero de problemas de salud física y mental?... 

¿Por qué, continúa de manera implacable el aumento de casos de niños con hiperactividad, agresividad, déficit de memoria y de atención, depresión, cansancio crónico y patológico, diversos trastornos conductuales y de la personalidad, problemas de inadaptación social, obesidad, diabetes, cardiopatías, cáncer, artritis, insuficiencia renal crónica, asma, depresión inmunitaria acompañada de infecciones recurrentes, o bien hiperactividad inmunitaria lo que da origen a un sinnúmero de alergias, trastornos digestivos, y enfermedades mentales como autismo y esquizofrenia?  

¿Por qué una gran cantidad de personas, entre niños, adultos de mediana edad, hasta adultos mayores, sufren de una severa incapacidad para metabolizar adecuadamente el tipo y la cantidad de hidratos de carbono suministrados por nuestra típica dieta occidental? Incapacidad manifestada en una variedad de trastornos relacionados en una primera fase con la hipoglucemia reactiva o relativa y en una segunda fase tardía en obesidad, diabetes, cardiopatías y otras enfermedades y trastornos, todos ellos relacionados al consumo de alimentos refinado.  

La respuesta a esta problemática es bastante compleja pues involucra una diversidad de aspectos científicos, y sobre todo un entramado de intereses económicos y políticos, por lo cual iremos respondiendo por partes a lo largo de este trabajo.   

INTRODUCCIÓN
Durante los últimos 100, de manera involuntaria, los seres humanos hemos sido sometidos a un "experimento de escala planetaria”, obligados a comer alimentos artificiales (Kollath).   

La implementación de nuevas tecnologías para la obtención de alimentos, aumentó  y abarató su producción, con la creación de una nueva clase de “productos comestibles artificiales” con características muy distintas a las naturales, portadores de una elevada carga de nutrientes energéticos en forma de carbohidratos y grasas molecularmente alteradas, aditivos químicos y residuos tóxicos, junto a un marcado empobrecimiento de su calidad nutritiva, caracterizada por la disminución de su contenido de aminoácidos, micronutrientes, nutriente accesorios, fitonutrientes, enzimas y fibras.   

La mayor producción de alimentos industrializados, aunque de bajo valor nutritivo, indudablemente redujo el hambre, la desnutrición calórica proteica y la consecuente mortandad infantil, factor este último que incrementó espectacularmente el periodo promedio de vida de la gente. Sin embargo, el consumo “alimentos artificiales” originó una progresiva degradación del estado de nutrición, de la salud y la calidad de vida, que aquejó a todas las poblaciones del mundo que los adoptaron como componentes de sus dietas, y que produjo a su vez, una epidemia de enfermedades crónicodegenerativas e infecciosas, con una consecuente y elevada secuela de morbilidad, discapacidad, muerte prematura y una significativa disminución de la calidad de vida y del desarrollo humano.  

En ninguna época anterior a la nuestra, hubo cultura alguna que consumiera ni tan siquiera una mínima fracción de los azúcares, harinas y grasas refinadas, artificialmente concentradas y molecularmente alteradas, que componen la dieta estándar del hombre moderno. El resultado de este fenómeno dietario, trajo a las sociedades modernas, además de una decadencia de la salud física y mental, una disociación entre el aumento en la esperanza promedio de vida resultado de la disminución en la mortalidad infantil, con el estado de nutrición y de salud, la calidad y la esperanza de vida activa y saludable.

El impacto que sobre la salud humana trajo el consumo de “alimentos artificiales” y la consecuente malnutrición por exceso de calorías e insuficiencia de todos los demás nutrientes de los que se despojó de manera fraudulenta al consumidor, ha sido definido como “mesotrofia” o "mala salud vertical": estado en que se encuentra una gran parte de seres humanos, que no están suficientemente enfermos como para acostarse y hospitalizarse (en cuyo caso se convertirían en "horizontalmente enfermos"), pero que padecen de múltiples dolencias y enfermedades crónicas que les impide llevar una vida satisfactoria. (Bland).   

La investigación ha señalado a este tipo específico de malnutrición moderna como responsable del progresivo declive de la salud y la vitalidad humana y de la pandemia moderna de padecimientos denominados “enfermedades de la civilización”: hipoglucemia, obesidad, diabetes, cardiopatías, cáncer, artritis, insuficiencia renal crónica, caries, diverticulitis, síndrome de cansancio crónico, síndrome de colon irritable y varias otras más.    

De acuerdo con pronósticos oficiales la tendencia de estas enfermedades continuará en aumento y se prevé la saturación de los sistemas de salud que se tornarán incapaces de atender a tantos enfermos, originando con ello una sobrecarga financiera para los contribuyentes, y un colapso de los sistemas económicos y de sanitarios en todos los países del mundo.   

Las cifras oficiales muestran la magnitud de esta tragedia que está impactando ya, dramáticamente, la salud y la vida humana a escala planetaria, demostrando tardíamente que la dieta moderna resulta ser sumamente perjudicial.  

Obesidad
En tan solo los últimos 20 años la obesidad se ha cuadruplicado y distribuido en todas las poblaciones, afectando a más de dos tercios de las personas de todo el mundo. Actualmente, más del 30 % de todas las personas se encuentran excedidas de peso lo que se ha constituido en una de las principales causas de morbilidad, discapacidad y muerte prematura, habiéndose convertido en una amenaza para la humanidad.

En Estados Unidos, más del 65 por ciento de la población padece sobrepeso y más del 30 por ciento padece obesidad. (Institutos Nacionales de Salud. 24 de agosto del 2004). En México la obesidad ha alcanzado a más de 32 millones de adultos de los cuales cinco millones están en riesgo de convertirse en diabéticos en los próximos cinco años. Más de un 62 por ciento de los mexicanos mayores de 20 años tienen sobrepeso. (OMS).   

El número de niños con sobrepeso se ha cuadruplicado también en todo el mundo en los últimos 10 años. Más de 155 millones de infantes padecen sobrepeso u obesidad (más de un 30 % de todos los niños tienen sobrepeso; y 10 % de infantes con edades de entre 5 y 17 años tienen obesidad). A medida que aumenta la obesidad, los niños corren mayor riesgo de contraer diabetes tipo II, enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares, y ciertos tipos de cáncer. (Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos).   

En ese mismo lapso de 10 años, también en México se han triplicado el sobrepeso y la obesidad en niños cuyas edades fluctúan entre los 5 y los 15 años. Más de un 20 % de niños padecen sobrepeso u obesidad, y se pronostica que un 15 % de infantes, desarrollarán diabetes incrementándose en ellos el riesgo de sufrir alteraciones severas. En los adolescentes de entre 12 y 19 años, un 24 % tienen obesidad. (Universidad Nacional Autónoma de México).   

Diabetes
Paralelamente a la obesidad, en los últimos 50 años, la diabetes tuvo un incremento de 1800 % en todo el mundo. El número de diabéticos tipo 2 se duplicó  en tan sólo diez años en casi todos los países. Existiendo una elevada proporción de casos subclínicos no diagnosticados. (OMS).  

Existen en todo el mundo más de 143 millones de diabéticos. Más de 300 millones de personas están próximos a convertirse en diabéticos. Se pronostica que el número de diabéticos aumentará de 117 millones a 370 millones en el año 2030, alcanzando a un mayor número de niños y adolescentes. En Estados Unidos se prevé que una de cada 3 personas sufrirá diabetes próximamente. (Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. CDC). (OMS).  

Obesidad y diabetes predisponen fuertemente a las demás enfermedades degenerativas que se han convertido en una gran carga de discapacidad y muerte prematura en todo el mundo.  

Los pronósticos de algunos expertos consideran que dentro de algunos años, casi el 100 % de las personas serán obesas y un 70 % serán diabéticas. Pronostico que de cumplirse, será catastrófico para la viabilidad de los estados modernos y sobre todo, para los sistemas sanitarios. Ninguna sociedad del mundo, soportara la carga económica que implicaría atender a tantas personas obesas y enfermas.   

ANTECEDENTES DE LAS PRIMERAS INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS
Durante el siglo XX diversos investigadores pusieron de relieve que la incorporación a la dieta del hombre moderno de los alimentos industrializados (que como ya dijimos, son portadores de elevadas concentraciones de azucares, almidones y grasas refinadas, y pobres en aminoácidos, ácidos grasos esenciales, micronutrientes, nutrientes accesorios, fitonutrientes y fibras), presentan una relación causal, directa y proporcional, al incremento de la incidencia de las patologías denominadas “enfermedades de la  civilización”. 

Clasificación que como ya también mencionamos, comprende una diversidad de padecimientos tales como: hipoglucemia reactiva y relativa, sobrepeso, obesidad, diabetes, caries, ciertos tipos de cáncer de colon, artritis, insuficiencia renal crónica, diverticulitis, apendicitis, dislipidemias, aterosclerosis, enfermedades cardiovasculares, entre otras.   

FRANCIS POTTENGER
Entre los años de 1932 y 1942, Francis M. Pottenger, Jr. M.D, llevó a cabo un experimento sin parangón en la bibliografía de investigación médica. Con una duración de 10 años sometió a estudio a 900 gatos durante varias generaciones, a los que proporcionó una dieta controlada. Los felinos fueron divididos al azar en dos grupos. (Pottenger's Cats: A Study in Nutrition. ISBN 0-916764-06-0; Fundamental Chemistry in Lab. ISBN 0-673-07877-9). A un grupo se le suministraron alimentos naturales: Carne y leche crudas, y aceite de hígado de bacalao. Los gatos de este grupo mantuvieron la anchura del rostro y la regularidad de sus dientes mostrando una notable uniformidad de tamaño y desarrollo de su esqueleto a través de 4 sucesivas generaciones. Presentaron una piel lustrosa, poca pérdida de pelo, resistencia a las infecciones, a los parásitos y a las alergias; se mostraron sociables y amistosos y su comportamiento fue predecible. Los abortos fueron escasos y las hembras alimentaron sin dificultad a sus crías, teniéndolas sanas de generación en generación.  

A los miembros del otro grupo, se les proporcionó la comida sobrante del Sanatorio Pottenger (siendo la típica dieta occidental). Los gatos de este grupo diferían muchísimo entre sí después de una generación. Pasadas tres generaciones, se les estrechó el cráneo y la mandíbula lo cual hacia que se vieran sus dientes amontonados. Se produjeron diversos cambios esqueléticos incluyendo niveles inferiores de calcio, originando huesos más largaos, delgados y una mayor estreches de la pelvis. Su piel resultó más áspera y presentaron numerosos problemas epiteliales.  

Pottenger escribió relatando los resultados de su experimento, refiriéndose a los gatitos alimentados con comida del Sanatorio Pottenger: “Muestran toda clase de alergias. Estornudan, tienen respiración sibilante y rasguñan. Son irritables y nerviosos, y no ronronean”. Una primera generación de gatos que al principio eran sanos, y que fueron alimentados con residuos del hospital, produjo una segunda generación de gatitos con alergias, cuya incidencia en la tercera generación, se elevó a casi el 100 %. Los parásitos y las infecciones se generalizaron, lo mismo que los problemas cardiacos, miopía, presbicia, artritis e hipotiroidismo. (Francis M. Pottenger. Potenger’s Cats. Publicado por la Price-Pottenger Nutrition, PO Box 2614, La Mesa, CA 92044-2614, USA. Actualmente, se puede pedir por correo o comprar el libro por Internet. Price-Pottenger Nutrition Foundation web site).  

En las hembras preñadas de este grupo, los abortos fueron frecuentes y los partos difíciles, con muchas muertes durante el trabajo del parto. Los gatitos pesaban casi un 20 por ciento menos que los del grupo de gatitos sanos, mostrando una elevada mortalidad infantil. En cuanto a su disposición y comportamiento, las hembras eran irritables, algunas hasta el punto de ser peligrosas de manejar, en tanto que los machos eran más pasivos y mostraban una actividad sexual anormal.  

Este grupo de gatos mantenidos con las sobras de los alimentos que en su hospital se proporcionaba a los enfermos internos, desarrolló las mismas enfermedades que  hoy consideramos como normales entre los humanos: Artritis, trastornos cardiovasculares, hepáticos, de la tiroides, pulmonía, parálisis, perdida de dientes, caída anormal de pelo, disminución de la densidad ósea, disminución o anormalidad en el comportamiento sexual, diarrea e irritabilidad. El excremento de los gatos era tan tóxico que mataba a las hierbas cercanas a donde defecaban. La primera generación de gatitos resultó ser enfermiza y anormal. En la segunda generación frecuentemente nacieron muertos o enfermos. En los sobrevivientes de la tercera generación, las hembras eran estériles.  

Sir Robert McCarrison
En 1904 cuando los ingleses colonizaron la India, Sir Robert McCarrison, médico inglés-escocés fue nombrado médico de estado y enviado durante 14 años, a evaluar las condiciones de higiene y salud de numerosas poblaciones autónomas de las regiones fronterizas al norte de Cachemira entre las que se encontraban los hunzas, que vivían en un elevado valle de los montes Himalaya. McCarrison recibió una profunda impresión de los hunzas, por la gran longevidad, hermosa conformación física, elevada salud, capacidad para el trabajo, y por la ausencia de enfermedades degenerativas, mentales y delincuencia entre su población.  
Años después, dedicado a la investigación científica, y preguntándose a sí mismo qué es la salud, recordó a los hunzas y se dedicó a investigar las razones de su extraordinaria vitalidad, fortaleza y longevidad. Su estudio lo llevó a confirmar lo que años antes había observado, concluyendo que los hunzas representan el ideal de salud humana: exentos de enfermedades degenerativas, la vejez no los debilita ni inhabilita, sus músculos y corazones continúan siendo capaces de grandes esfuerzos hasta una edad avanzada. Su vida se prolonga a edades cercanas a los 120 años, a los 75, todavía labran sus campos, recorren las montañas con cargas pesadas y algunos procrean.   

Tras un concienzudo estudio de las diversas variables capaces de influir y determinar el estado de salud y longevidad, concluyó que el factor determinante de ese estado era su dieta. Sus alimentos eran limitados, pero sus tierras se encontraban abonadas con estiércol, humus y desperdicios orgánicos naturales e irrigadas con agua de glaciares ricas en minerales de rocas molidas por otras rocas de las montañas.   

Otros investigadores (como David Lorimer) estudiaron a los hunzas y describieron su amabilidad, alegre estado de ánimo y gran resistencia física. Como guías, los hunzas recorrían y trepaban los despeñaderos llevando pesadas cargas a cuestas, riendo y cantando durante todo el tiempo.   

Regresando a Inglaterra de su estancia en el valle Hunza, Sir Robert McCarrison se dedicó a verificar sus conclusiones por medio de vastos experimentos realizados con ratas a través de muchos años. A un grupo de 1200 de ratas, proporcionó una dieta similar a la alimentación típica de los barrios bajos de Londres, compuesta por pan de harina refinada, platillos dulces, elaborados con harinas y azúcares blancos, confituras, carnes, arenques y otros alimentos en conserva, golosinas, y de vez en cuando un poco de legumbres cocidas. (Nótese que en ese entonces, no existían aun los aceites refinados y las grasas industrializadas, los alimentos industrializados, eran principalmente los elaborados con harinas y azucares refinados). 

Después de un plazo determinado, encontró que en este grupo de ratas, se desarrollaban casi todas las enfermedades existentes en el hombre “civilizado”. Los animales sometidos a la influencia de un régimen alimenticio urbano típico de Londres, se volvían irritables, agitados y agresivos. Algunos de ellos terminaban por devorarse entre sí.   

A otro grupo de ratas, McCarrison les suministró una alimentación con características muy similares a la alimentación de los hunzas. Los miembros de este grupo de ratas se mantuvieron exentos de enfermedades y entre ellas reinaba la paz y la cordialidad.  

Weston A. Price
Weston Price, contemporáneo de Pottenger, publicó en 1932 un ensayo titulado: Nutrition and Physical Degeneration: A Comparison of Primitive and modern Diets and Their Effects.   
Previamente, Price recorrió prácticamente y sin exagerar, el mundo entero, examinando exhaustivamente a miles de personas a quienes no hubiese afectado lo que llamamos civilización. Examinó grupos de personas en lo que entonces era una parte aislada de los Alpes Suizos, en el Norte de Italia, en la isla de Man, en las Nuevas Hébridas, en Australia, en nueva Zelanda, en África Central, en las Selvas de América del Sur, en el Norte de Canadá, en Alaska y en diversas islas del Sur del Pacífico.   

Analizó las dietas de catorce culturas primitivas de todo el mundo, entre ellas analizo las dietas de nativos de norte y Sudamérica, y de suizos que vivían aislados en las montañas, de celtas, de esquimales, de melanesios, de polinesios, de malayos, de maoríes y de miembros de tribus de África oriental y central. El resultado de sus análisis corroboró que esas dietas primitivas eran bastante más nutritivas que las dietas “civilizadas” de su época.   

Algunas características variaban entre las diferentes culturas, en algunos lugares se encontraban compuestas en su mayor parte por pescado o carne, sin hortalizas ni cereales; en otras, por hortalizas o granos, sin carne ni pescado; aparentemente, parecían no tener nada en común. Sin embargo, identifico varias características comunes: sobriedad, ausencia absoluta de alimentos refinados e industrializados, ausencia de sustancias químicas artificiales y tóxicas y un elevado valor nutritivo de los alimentos.  

En todos los grupos de las culturas primitivas analizadas, Price encontró un elevado grado de salud, vigor y dentaduras virtualmente perfectas, aspectos que se asociaron y relacionaron a sus dietas tradicionales. Tal como sucedió con los gatos de Pottenger, la amplitud característica de los arcos dentales de los individuos revisados, otorgaba a cada uno de estos grupos un rostro ancho, que daba a esas gentes una apariencia similar, como si todos fueran miembros de una misma familia. 

También tuvo tiempo de constatar, que tan pronto como esas personas emigraban “al mundo civilizado”, o adoptaban una dieta compuesta de alimentos refinados, adquirían caries y en algunos casos dolores bucales tan intensos, que se convertían en motivo de suicidio. Con el tiempo, el rostro de los individuos que se encontraban en esos casos, se les fue estrechando, y los se les fueron dientes amontonando más y más en cada sucesiva generación, y su apariencia individual se fue tornando muy diversa.  

Adquirieron problemas en los senos faciales, respiración por la boca, estrechez de las fosas nasales, visión disminuida, problemas con muelas del juicio y, cosa extraordinaria, escasez de buenas voces para el canto. En sus viajes, Price quedó asombrado de la cantidad de magníficos tenores en potencia que encontró entre los pueblos que conservaban sus hábitos de vida tradicionales.  

Las estadísticas de Weston Price y McCarrison aplicadas a culturas primitivas fueron similares: ausencia total de todas las enfermedades comunes en occidente. No pudo encontrar úlceras, canceres enfermedades cardiacas o renales, polio, diabetes, etc. Tampoco encontró cárceles, institutos pare enfermos mentales, delincuencia infantil o adulta, desviaciones sexuales, infertilidad e inadaptación social.  

Entre las variables analizadas, concluyeron que: El factor determinante de su salud y longevidad, es su dieta compuesta de alimentos sin procesar, producidos con abonos orgánicos, agua de glaciares y libre de productos químicos.   

Como sucedió  también, con los gatos de Pottenger y las ratas de McCarrison, Weston Price encontró que cuando las razas primitivas adoptan una dieta de alimentos refinados, procesados o muy cocinados, ven alterada su inmunidad, incrementadas sus tendencias antisociales, y cambiada su apariencia física. También observó que los individuos más jóvenes se vuelven adictos a los alimentos refinados.  

En su ensayo Nutrition and Physical Degeneration, Price relata: “Mientras viajaba, entre los miembros de las razas primitivas de varias partes del mundo, me impresionó profundamente la belleza de su personalidad y la fuerza de su carácter”.  Describió a la gente de costumbres primitivas como “personas con postura erguida, gran resistencia física, carácter animado y siempre estable”. Encontró personas con una excelente estructura ósea, rostros y maxilares tan anchos y bien desarrollados (que no tenían los dientes hacinados unos con otros como sucede en la actualidad) y libres de caries, del mismo modo su cuerpo se encontraba libre de enfermedades degenerativas.  

Las estadísticas referentes a la incidencia del cáncer, úlceras, hipertensión arterial, tuberculosis, cardiopatías, trastornos renales, poliomielitis, distrofia pulmonar, esclerosis múltiple y parálisis cerebral eran cero en todos los casos. (Weston A. Price. Nutrition and Physical Degeneration. Los Ángeles California. American Academy of Nutrition. 1950).   

En todas esas culturas Price encontró elemento común, que sus alimentos eran producidos con métodos agropecuarios similares a lo que hoy conocemos como métodos orgánicos. En su agricultura utilizaban abonos naturales y ningún producto químico artificial. Varias culturas utilizaban como alimentos: pescados, mariscos, vísceras y productos lácteos de animales alimentados con hierba verde y fresca libre de químicos. En algunas partes se alimentaban con hueva de pescado y algas kelp.   

En todas esas culturas no encontró nombres para designar a las enfermedades degenerativas, ya que no eran necesarios por ser inexistentes. Price no encontró médicos, cirujanos, ni siquiatras, tampoco encontró prisiones, ni instituciones para enfermos mentales, ni delincuencia infantil, ni desviaciones sexuales. Todas las madres amamantaban a sus hijos; no se había oído jamás de un pecho que no funcionase. La salud mental, moral y emocional acompañaba a la salud física.   

Price fotografió  y elaboró una gran colección de documentos e imágenes para avalar y documentar sus investigaciones entre las que presentamos algunas muestras a continuación en las imagenes insertadas.

Denis Burkitt Parsons
Cirujano Británico, originario de Enniskillen, Irlanda del Norte, educado en Dublín y Edimburgo.   

Habiendo sido rechazado por el gobierno inglés para ocupar una posición como médico de las colonias británicas en África, Denis Burkitt aceptó una oferta del gobierno alemán y fue enviado entre 1943-1945 a Kenia, Somalia y Uganda. En 1946 fue trasladado a Kampala, Uganda en donde se incorporó  al ministerio de salud.   

Descubridor del linfoma de Burkitt en 1957 en Kampala, durante su trabajo en África, despertó su interés en medicina y epidemiología geográficas. Burkitt observó que las dietas autóctonas altas en fibra prevenían muchas de las dolencias modernas, tales como apendicitis y cáncer del intestino, enfermedades comunes en el occidente, pero casi ausentes entre los nativos de África y otras regiones que conservaban sus costumbres y dietas originales.  

Durante su estancia en África, Denis Burkitt y Cols, observaron entre la población nativa un patrón de enfermedades que difería al de los países occidentales y lo relacionaron a sus hábitos alimenticios. El efecto más notorio de la dieta autóctona consistía en producir una gran cantidad de masa fecal. También observo y documento, que el peso de las heces producidas por los campesinos de Uganda era aproximadamente del doble de las producidas en los países “civilizados”.  

A raíz de estas observaciones estableció la existencia de una relación directa y proporcional entre la ingesta de fibra dietética y su implicación en la función y patología intestinal: las diferencias en el patrón de las enfermedades aparecidas se debían, según concluyeron, al contenido y la proporción de fibra de la dieta.  
Burkitt y Hugh Trowell, conjeturaron que el consumo de carbohidratos refinados con bajo contenido de nutrientes y fibra, era la principal causa del cuadro de patologías al que denominaron en su conjunto “enfermedad occidental”, incluyendo apendicitis, diverticulitis, diabetes, enfermedad cardiaca y ciertos cánceres.  

Reflexionaron que muchas de esas enfermedades presentes en occidente, pero ausentes en el tercer mundo tienen su causa común en nuestro patrón dietético, compuesto de alimentos refinados. Sobre la base de esas convicciones, lanzaron una cruzada mundial para aumentar el consumo de fibras vegetales. 
En 1992 La Real Universidad de Médicos Cirujanos de Canadá reconoció a Burkitt, concediéndole un título honorífico, resumiendo y publicando sus investigaciones.  

Thomas Latimer Cleave
Thomas Latimer Cleave, comúnmente conocido simplemente como T. L. Cleave. 

En 1974, siendo Cleave, un brillante médico cirujano británico, y director de investigaciones médicas del Instituto de Medicina Naval (Institute of Naval Medicie), publicó los resultados de un exhaustivo estudio epidemiológico denominado “La Enfermedad Provocada por el Consumo de Azúcar” (The Saccharine Disease).     

Cleave realizó  una cuidadosa revisión de los registros de hospitales en naciones del tercer mundo, principalmente de África, corroborando también por su parte, que ningún nativo que conservara su dieta primitiva original, había sido afectado por las enfermedades comunes de occidente, incluidas obesidad, diabetes, cáncer de colon, cálculos biliares, diverticulitis y enfermedades del corazón, padecimientos que no solo fueron menos frecuentes, sino inexistentes.   

A diferencia de su colega Denis Burkitt, quien revisando la misma información señaló al elevado consumo de fibra como el elemento clave en la prevención de las enfermedades de la civilización industrial, Cleave concluyó que la protección era más bien ejercida por la ausencia en su dieta, de alimentos elaborados con carbohidratos refinados como azúcar y harina blancas.  

Cleave estableció con cuidadosos estudios y análisis científicos, que casi exactamente veinte años después de la incorporación de alimentos refinados a la dieta, (desplazando a los alimentos de las dietas originales), se inicia un estado de “degeneración física y mental” al que denominó The Saccharine Disease (enfermedad de sacarina), dando surgimiento a una epidémica proliferación de hipoglucemia reactiva, sobrepeso, obesidad, diabetes, enfermedad cardiaca, artritis, insuficiencia renal crónica y algunos tipos de cáncer. Cleave denominó a este fenómeno la Regla de los Veinte Años, misma que ha sido corroborada una y otra vez a través del tiempo por numerosos y prestigiados investigadores. 

La regla de los veinte años ha quedado confirmada en diversos casos tales como los de: los judíos yemenitas cuando fueron trasladados a Israel, los indios Pima de Arizona, las poblaciones de Arabia Saudita, Japón, India y México, que abandonaron su dieta tradicional y la sustituyeron por un régimen de compuesto de alimentos refinados, toda vez que alcanzando los niveles de carbohidratos refinados promedio de la dieta occidental, dieron origen a las enfermedades incluidas o asociadas a la Enfermedad de Sacarosa tornándose éstas en epidemias.  

Definió a la enfermedad de sacarina como la enfermedad maestra de la que derivan los trastornos degenerativos como la obesidad, la diabetes, la enfermedad cardiovascular, la úlcera péptica, la colitis, el síndrome de colon irritable, el cansancio crónico, el estreñimiento, la hemorroides, las venas varicosas; enfermedades infecciosas por escherichia coli, como la apendicitis, la colecistitis, la pielitis, la diverticulosis y la diverticulitis; también los cálculos renales, la caries y diversas enfermedades de la piel.  

El mecanismo patológico principal y subyacente a este conjunto de enfermedades fue identificado y descrito por diversos y eminentes investigadores como una exagerada respuesta insulínica producida por un páncreas sobre estimulado por el consumo de carbohidratos refinados. Manifestación inequívoca de intolerancia a los carbohidratos refinados, descrita más adelante como un shock insulínico producido por los alimentos industrializados y similar al shock insulínico inducido por la administración de una sobredosis de insulina administrada a un diabético. Este estado de sobre estimulación pancreática, en respuesta a la hiperglicemia generada después de consumir carbohidratos refinados, origina un desproporcionado y patológico incremento de la secreción de insulina, lo que a su vez, genera bruscas caídas de glucosa en la sangre. 

En otras palabras, este estado de hiperactividad pancreática que debe considerarse como un estado prediabético, se caracteriza por bruscos altibajos de glucosa en la sangre, lo que en una primera fase produce una breve fase de hiperglucemia, y luego una segunda fase más prolongada de hipoglucemia (reactiva o relativa) acompañada de depresiones, cansancio crónico, y de leves a severos trastornos del carácter y de la conducta, con un característico cuadro de síntomas físicos y mentales.   

La hipoglucemia reactiva ha sido definida como una caída del volumen de glucosa por abajo de los 80 miligramos por decilitro de sangre, media hora después de ingerir alimentos; o hipoglucemia relativa definida como una brusca elevación de la glucosa sanguínea seguida por una abrupta caída de 20 miligramos por decilitro de sangre desde su nivel máximo, media hora después de ingerir alimentos. Aun cuando el volumen de glucosa se conserve dentro de los rangos considerados normales, esta disminución brusca, produce el mismo conjunto de síntomas y molestias que produce la hipoglucemia reactiva.   

La continua repetición de estos ciclos de altibajos de insulina y glucosa en la sangre, desemboca en el conjunto de manifestaciones físicas y mentales que Cleave ha definido como enfermedad de sacarina.

Roger Williams
Roger Williams, fue uno de los más prestigiados bioquímicos del mundo contemporáneo relacionados con la nutrición, considerado por Linus Pauling como “su maestro”, realizó durante toda su vida un exhaustivo y fecundo trabajo de investigación de la bioquímica de la nutrición. Constató que la vida no es posible sin la desigualdad. La herencia genética interactuando con el entorno biofísico y psicosocial, contribuye a dicha desigual individualidad en la misma proporción, afirmó Williams.   

En los seres humanos la expresión de sus genes es modulada por un conjunto de factores biofísicos y psicosociales: Alimentación, aire, temperatura, sustancias químicas naturales, otras de carácter tóxico como microorganismos, radiaciones, luz; traumas y diversas influencias psíquicos.   

Williams demostró que los genes interactúan dinámicamente con el medio ambiente desde el desarrollo fetal hasta la primera infancia, asegurado que cada individuo resulte bioquímicamente único. Por este mecanismo, cada ser humano resulta anatómico, fisiológica y bioquímicamente único y distinto a los demás.    

Williams demostró con exhaustivos y detallados análisis que cada persona tiene órganos con diferentes formas y tamaños, así como distintos niveles de aminoácidos, vitaminas, minerales y enzimas. 

Comprobó que aunque los niveles de vitaminas y otros nutrimentos en la sangre permanecen extraordinariamente constantes, los requerimientos de cada órgano, así como de cada individuo varían de forma considerable.   

La individualidad anatómica y bioquímica origina un abanico muy amplio de necesidades de nutrientes que pueden alcanzar niveles muy elevados en algunas personas. Pueden elevarse a una proporción un mil por ciento arriba de las dosis mínimas recomendadas. Si esa necesidad acrecentada no es satisfecha, la insuficiencia originará estragos en el metabolismo y la gente enfermará. En personas enfermas el porcentaje puede ser aún mayor. Sobre esa base, formuló el Principio de Individualidad Bioquímica.  Expuesto en su prestigiado ensayo Biochemical Individuality.   

Williams, creo las bases de un nuevo paradigma del origen molecular de la enfermedad explicó como las continuas y aleatorias mutaciones de los genes y la modulación de su expresión por diversos factores ambientales, da origen a un ambiente molecular modificado que altera la anatomía y fisiología celular, modificación asociada a enfermedades específicas.  

Formuló el concepto de Polimorfismo Genético que describe esa variación funcional que rodea los rasgos genéticos específicos, incluso entre gemelos idénticos. Aun cuando gemelos idénticos comparten los mismos genes, como resultado de la diversidad en los ambientes dentro del útero, de una distinta alimentación y de un distinto ambiente psicosocial de desarrollo, pueden manifestar una diferente expresión genética, que los desigualará más, mientras más edad alcancen, y que hará que sus necesidades nutrimentales para alcanzar una función óptima sea distinta.   

De gran importancia resulta que el estado de nutrición influye de forma determinante en la expresión de los genes. Ahora sabemos que el genotipo se transforma en un determinado fenotipo como resultado de factores ambientales y la alimentación, factores que determinan el estado de salud y la longevidad. Estos factores funcionan como golpes de un escultor que modelan una roca para formar una escultura. (Dr. Williams).   

Identificó la relación entre individualidad bioquímica, requerimientos nutrimentales individuales y función metabólica óptima.

Por otra parte, Williams, formuló el principio de sinergia entre los nutrientes, según el cual, estos trabajan en sincronía, como lo hace una orquesta. Por lo tanto, para lograr una salud óptima, todos los nutrientes deben de estar presentes en la cantidad y proporción óptimas a un mismo tiempo, cubriendo las necesidades individuales.  

Los alimentos naturales (prosigue Williams), producidos resguardando su integridad molecular natural, sin manipulaciones químicas, tienen cantidades y proporciones de nutrientes que cubren de manera óptima una amplia gama de necesidades humanas. El metabolismo humano, no tiene capacidad para utilizar los alimentos artificiales, elaborados para ser más duraderos y agradables al paladar, más no para nutrirnos. “Los fabricantes de alimentos ignoran el principio esencial de la sinergia que Williams sugiere”...“La comida industrializada genera una discordancia en la armonía del metabolismo: la ausencia de un nutriente es comparable a un violín con una cuerda rota” (Abraham Hoffer & Morton Walker), siendo esta, la objeción más importante a la comida sintética que forma parte de la dieta moderna.   

Los alimentos sintéticos (productos alimenticios artificiales) no contienen los micronutrientes, fitonutrientes y nutrientes accesorios ya identificados, más otros que probablemente aún no se han identificado y que influyen de manera importante en el estado de salud. (Abraham Hoffer & Morton Walker).   

Su conclusión es que para lograr una salud óptima, cada persona deberá recibir una nutrición óptima, adecuada a sus necesidades individuales, refutando de ese modo los mitos de la necesidad mínima diaria (MDR) y de la ingesta diaria recomendada (RDA) de nutrientes. También encontró que algunas personas enferman gravemente al ingerir ciertos alimentos los cuales resultan muy saludables para otras.  

Warner Kollath
El Prof. Dr. Werner Kollath del Instituto de Anatomía Patológica de la Universidad de Múnich, denominó mesotrofia a la situación en la que asegura, se encuentran actualmente, la mayor partes de miembros de la humanidad, a la que definió como un estado en él se puede vivir con una apariencia más o menos normal y estar aparentemente bien nutrido, pero con un nivel degradado de salud.  

La mesotrofia es una epidemia moderna de falta de salud, afirmo Kollath, que coexiste con una gran diversidad de molestias de difícil definición, padecida cada día por un número mayor de personas.   

Las personas mosotróficas no están enfermas de acuerdo a los estándares y criterios médicos oficiales, pero tampoco se encuentran sanas, ya que carecen de una salud y calidad de vida óptimas. Estas personas disfrutan de una salud "imaginaria"(Gortner): piensan que están bien, pero no lo están debido a que nunca han sabido lo que es una salud óptima. Se consideran normales ya que la mayoría de las personas a quienes conocen tienen la misma falta de salud.   

Kollath analizó a más de 7 mil ratas a las que alimentó con una típica dieta occidentalizada, y observó en éstas, síntomas de degeneración con caries dentales, caída del pelo, estreñimiento crónico y otros síntomas similares que presentan los humanos mesotróficos. Las ratas fallecían de infartos, cáncer, diabetes y derrames cerebrales (ACV), igual que los hombres civilizados.  

Reprodujo así, los mismos resultados obtenidos por Pottenger con gatos y por McCarrison con ratas, animales a los que con dietas similares a la dieta humana moderna, produjeron un gradual deterioro de su salud, estado decadente que se acentúa con el transcurrir del tiempo, y se agrava en casa sucesiva generación. 

Como sucede con los humanos alimentados con la dieta moderna, los animales de experimentación desarrollaron dientes apiñados, huesos más largos, delgados y frágiles, piel más áspera, dermatitis, alergias, parásitos, infecciones, problemas cardíacos, miopía, presbicia, artritis, hipotiroidismo, abortos frecuentes, partos difíciles, elevada mortalidad infantil, hembras irritables, respiración sibilante y machos con actividad sexual anormal.   

Cheraskin y Ringsdorf
En 1974 Cheraskin y Ringsdorf, llegaron a la conclusión de que cuerpo humano no se encuentra capacitado para consumir y metabolizar azúcares y harinas refinadas, ingredientes que nunca antes habían formado parte de su dieta, en toda la historia y prehistoria humana, sino solo hasta hace unos 100 años. Nuestra maquinaria metabólica -aseguran- no cuenta con la capacidad para controlar y aprovechar los carbohidratos refinados que consume el hombre moderno. Los productos alimenticios artificiales elaborados con azucares y harinas refinados, no solo no son nutritivos, sino que desplazan a otros alimentos que sin son nutritivos, y además funcionan como antinutrientes y creando necesidades artificialmente acrecentadas de otros nutrientes (originando una deuda de nutrientes). Son estos, la principal causa de la hipoglucemia, la diabetes, el cáncer y las cardiopatías, además de otras enfermedades crónicodegenerativas.  

La sacarosa (el azúcar blanca que todos conocemos) es particularmente insidiosa, ya que cuenta con un poder adictivo, destructivo y perjudicial similar al de la heroína, solo que su adquisición es legal y su consumo no se considera antisocial.   

Por término medio cada persona (niños, mujeres y adultos) de cualquier país consume actualmente, más de 56 kilos de azúcar refinado por año, además de otros carbohidratos refinados. Se asimila y se vierte en la sangre con demasiada rapidez y sin compañía de los demás nutrientes, resulta sumamente tóxica. Su consumo es muy perjudicial para la salud, envenena el organismo, se infiltra hacia el corazón y hacia el cerebro causando estragos.  

Lo cierto es que un gran número de enfermedades físicas, así como depresiones, estados de ansiedad, alcoholismo y otras adicciones son el resultado final de la ingestión de sacarosa.  
Campbell después de años de estudios, en 1966 concluyó que el azúcar refinado, crea adicción y estableció tres reglas respecto los efectos de su consumo en seres humanos:
  • 1)      Regla de los 20 años. Un individuo puede resistir los efectos perjudiciales del azúcar refinado durante 20 años; a partir de ese momento aparece la diabetes. 
  • 2)      Regla de las 70 libras (31.5 kilos). Una población puede consumir hasta 70 libras de azúcar por persona y año antes de que afloren enfermedades graves. 
  • 3)      Regla del 20 %. En poblaciones con presencia de diabetes, el consumo de sacarosa será superior al 20 % del consumo total de calorías.  
Yudkin
Entre 1969 y 1972 Yudkin estableció que el consumo de sacarosa es una de las principales causas de ateroesclerosis y trastornos coronarios. Aumenta la aparición de caries, dispepsia y dermatitis seborreica. Y agrega: “Sorprendentemente, no se han realizado experimentos de laboratorio para comprobar su potencial cancerígeno”.   

PRINCIPALES MECANISMOS POR LOS CUALES LOS ALIMENTOS INDUSTRIALIZADOS ACELERAN EL ENVEJECIMIENTO Y PRODUCEN ENFERMEDADES (Estos mecanismos y procesos patológicos serán debidamente explicados en los artículos siguientes):  

Carbohidratos refinados:
Hiperglicemia> Hiperinsulinemia> Desordenes Hormonales> Desequilibrio de Eicosanoides> Glicación no enzimática de proteínas, también conocida como  caramelización de proteínas> Formación de AGEs, Productos finales de glicación avanzada> Daño a las estructuras celulares> Formación de enlaces cruzados> Inflamación crónica> Daño a los genes> Modificación en los patrones de expresión genética> Hipoglucemia reactiva> Cansancio Crónico> Apetito Compulsivo> Hipercolesterolemia> Dislipidemia> Acumulación de grasa visceral> Obesidad> Ateroesclerosis> Daño endotelial> Alteración de las propiedades reológicas de la sangre> Aumento de la presión sanguínea> Hipertensión> Incremento de la frecuencia cardiaca> Aumento de la Reactividad Plaquetaria> Mayor Riesgo de Diabetes, Cardiopatías, Cáncer, Artritis, Disfunciones del Sistema Inmune. Incremento de la actividad suprarrenal> aumento de las hormonas del estrés> Agotamiento suprarrenal.   

Ácidos Grasos Hidrogenados y Ácidos Grasos Trans:
Dislipidemias> Hipercolesterolemia> Desordenes Hormonales> Desequilibrio de Eicosanoides> Aumento de la Reactividad Plaquetaria> Injuria Endotelial> Modificación de las Propiedades Reológicas de la Sangre, con Incremento de la Viscosidad Sanguínea> Hipertensión> Mayor Riesgo de Diabetes, Cardiopatías, Cáncer, Artritis, Disfunciones del Sistema Inmune.  

Conclusiones y sugerencias
Los hallazgos de los investigadores que hemos mencionado, nos muestran que el mecanismo más importante para lograr una Longevidad Activa, satisfactoria y Saludable, con una Elevada Calidad de Vida, consiste en revertir la tendencia de este último siglo: La progresiva degradación del estado de salud y vitalidad humana, producida por el desplazamiento de los alimentos y las dietas naturales y tradicionales, y su sustitución por alimentos artificiales elaborados con ingredientes refinados, ricos en energía y aditivos químicos, pero pobres o carentes en vitaminas, minerales, oligoelementos, aminoácidos, nutrientes accesorios, fitonutrientes protectores, enzimas y fibras; y portadores de concentraciones y proporciones de macronutrientes muy distintas a las naturales.   

En consecuencia, sugerimos que independientemente de cualquier otro método utilizado con fines profilácticos, terapéuticos o estéticos, en concordancia con la premisa fundamental del Instituto Linus Pauling de la Ciencia y la Medicina, el cual establece que una dieta óptima es la llave para una salud óptima:
  1. Supresión absoluta y total y absoluta de alimentos artificiales elaborados con ingredientes refinados y aditivos químicos que funcionan como antinutrientes, tales como azúcares, harinas refinadas, aceites refinados, margarina y todo tipo de aditivos químicos.
  2. Supresión total y absoluta de alimentos en cuyo proceso de producción se han utilizado abonos químicos, plaguicidas, pesticidas, funguicidas, insecticidas, hormonas y otras sustancias químicas utilizadas por la industria agroalimentaria.
  3. Incorporación a la dieta de alimentos orgánicos, más nutritivos y libres de insecticidas y pesticidas.
  4. Selección de alimentos orgánicos, naturales, integrales, sin refinar, ricos en nutrientes, fitonutrientes, nutrientes accesorios, enzimas, fibras y libres de aditivos químicos.
  5. Incorporación a la dieta diaria de alimentos crudos (ricos en vitaminas y enzimas) en una proporción aproximada de entre un 60 a 80 % del total de alimentos comidos diariamente.
Para lograr una larga vida, junto a un elevado estado de salud, vitalidad, condición física y belleza, es igualmente necesario habituar un régimen alimentario moderadamente bajo en hidratos de carbono, suficiente en proteínas y ácidos grasos esenciales, compuesto exclusivamente de alimentos orgánicos, naturales e integrales. Y desde luego, incluir un programa de complementos nutritivos apropiados para satisfacer las necesidades óptimas de nutrientes para cada persona de acuerdo a su individualidad bioquímica.  

La prescripción de dietas y de complementos nutritivos deberá tener presente la necesidad y la tolerancia individual de carbohidratos, aminoácidos, ácidos grasos esenciales, fitonutrientes, nutrientes accesorios, oligoelementos, enzimas y fibras.   
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